A los padres cuyos hijos tienen que decidir su futuro

mayo 18, 2021
Hèctor Verdú Martí

Estamos en la recta final del curso. Adultos y jóvenes estamos cansados, puede que más este año, sembrado de restricciones, con poco margen para huir y abstraerse. Pensamos en las vacaciones, pero antes de que lleguen, estas semanas que vienen suelen ser de grandes decisiones, cuando damos forma a cómo queremos que sea el próximo curso, y puede que más allá. Principalmente los adolescentes, que se enfrentan a una de las primeras grandes elecciones vitales: qué quieren ser de mayores.

Estos días probablemente les hayamos dicho: "Estudia lo que te apetezca, seguro que lo conseguirás". O bien "¿ya estás seguro con las notas que tienes? ¿seguro que podrás entrar? ". O bien "por qué no haces esto, que seguro que tiene salida profesional". O incluso "deberías estudiar X, tal como hicieron tu padre, tu abuelo y tu bisabuelo, que ya has visto que nos ha ido muy bien".

Muchos padres presionaremos para que sigan unos estudios superiores, cuando, a la vez, sabemos bien que un título universitario o de máster ya no es garantía de tener un trabajo bien pagado. ¡Cuidado! No estoy diciendo que nuestros hijos no deban ir a la universidad, que tiene una serie de virtudes.  Pero tampoco debemos caer en esta trampa y desdeñar otras opciones con otras virtudes. Y la solución tampoco es enfocarnos a titulaciones de nombres novedosos e imaginativos que nos hacen creer que nos abrirán las puertas de las nuevas profesiones.

Nuestros hijos deciden en un contexto de incertidumbre: escogen hoy lo que van a estudiar, pero sus empleos ni siquiera se han concebido aún

¡Pero cuidado! Nuestros hijos están decidiendo ahora, pero se incorporarán al mercado laboral dentro de cinco o seis años los que lo hagan antes, ocho o nueve los más jóvenes. A la velocidad a que las nuevas tecnologías están transformando el mercado laboral, muchos de los trabajos que acabarán desarrollando ni siquiera las imaginamos. ¿Cómo pueden, pues, imaginarlas instituciones reactivas como las universidades, que van a remolque del mercado laboral y necesitan años para reformar los planes de estudios? Nuestros hijos están decidiendo en un escenario de incertidumbre.

Por lo tanto, la dinámica de intentar anticipar nosotros lo que vendrá para intentar situar a nuestros hijos en ventaja no lleva a ninguna parte. En cambio, sí que podemos pensar al revés: ¿Qué es lo que no es necesario que estudien nuestros hijos? Que abandonen la idea de hacer todo lo que ahora mismo ya podamos ver que va a ser sustituido por un robot o la inteligencia artificial. Ya sabemos que en todas las profesiones, parte de las tareas que hacían personas están siendo sustituidas por los ordenadores. Desde el derecho, a la medicina, pasando por el periodismo. Cualquier cosa que hagamos debe estar enfocada a situarnos en una posición de control y supervisión de las máquinas. O de creación. O de contacto con la tierra ... y aquí, seguramente estudiar es una ventaja, pero los agricultores lo han hecho durante milenios sin ir a la universidad. O de cuidado de las personas. ¿Finanzas? Hay que entenderlas, pero ya sabéis quien hará el grueso del trabajo. Lo que sí hará falta es mucha gente que piense, actúe y tenga iniciativas para proteger el medio ambiente. También harán mucha falta personas con capacidad de integración intercultural, porque los tiempos que vendrán moverán mucha gente, levantarán muchos muros y despertarán muchos miedos.

¿Así que les decimos a nuestros hijos que estudien? No lo sé. Lo mejor es que digas poco y escuches mucho. ¿Qué les mueve? ¿Qué les apasiona? ¿Qué inquietudes tienen? ¿Cómo ve el mundo? ¿Como quieren que sea dentro de unos años? Aliméntales la curiosidad y acompáñales para que sean muy adaptables, que sepan leer los contextos, para que estén dispuestos siempre a aprender de nuevo, para que tengan coraje para decir no cuando algo no le parezca bien, para que tengan siempre vivo un propósito vital, porque no renuncien a los sueños, porque cultiven relaciones equilibradas, porque se tengan en estima y sepan amar, porque no lo quieran hacer todo siempre solos y sepan pedir ayuda, para que colaboren y hagan a los otros mejores, porque en el mundo que viene nadie tiene una respuesta buena por sí solo y las soluciones que requerimos son tan complejas que las tenemos que encontrar entre muchos, entre todos.

Y no dejéis de explorar todo esto en vosotros mismos, madres y padres, por mucho que hayáis tropezado, aunque las cosas no os hayan salido siempre bien, aunque os hayáis estrellado una y otra contra aquella puerta cerrada. Porque sabéis que os habéis vuelto a levantar y habéis aprendido a buscar soluciones. No les hagáis los planes, que no tiene sentido. Enseñadles a abrazar la vida.

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